Vedrana Rudan: La reina de la locura

En un mapa literario lleno de escritores prudentes, guardianes de la “buena imagen nacional”, el nombre de Vedrana Rudan suena como una explosión. En Croacia la odian y la necesitan a la vez. Para unos es una blasfema vulgar. Para otros, la única persona que se atreve a decir lo que todos piensan y casi nadie pronuncia. Para quien la descubre por primera vez, parece directamente una loca. Y sin embargo, esa “locura” es la forma más radical de cordura en un país construido sobre silencios.

LAS REINAS

Dada

11/30/20259 мин читање

Llamarla “reina de la locura” no es insulto. Es un diagnóstico del contexto. En una sociedad que considera normal la violencia, aceptable el machismo, natural la amnesia histórica y respetable la hipocresía religiosa, la persona que se niega a aceptar esas normas será definida como loca.

Rudan no intenta corregir esa etiqueta. La utiliza.

Convirtió su rabia y su capacidad de blasfemia en un instrumento literario. Desde hace más de dos décadas, su obra es un largo monólogo de alguien que se resiste a ser domesticado.

Biografía de una desobediente

Vedrana Rudan nace en 1949 en Opatija, en la entonces Yugoslavia. Estudia magisterio en Rijeka, se forma en lengua croata y alemana y comienza su vida laboral como profesora y guía turística. Más tarde entra en el periodismo, trabaja en Radio Rijeka, en la radio estatal, y escribe para varios periódicos importantes, entre ellos Feral Tribune, Slobodna Dalmacija, Novi list, Jutarnji list y durante años para el semanario Nacional.

En 1991 la despiden de la radio por satirizar al presidente Franjo Tuđman en plena euforia nacionalista. Más tarde perderá otros empleos por el mismo motivo. Por no callarse. Ella misma resume su carrera de forma brutal: "cada vez que trabajó para una gran institución —radio pública, prensa nacional, televisión— acabó en la calle".

A principios de los 2000 salta del periodismo a la literatura. Deja de comentar la actualidad desde la página de opinión y comienza a desmontarla desde la ficción y el ensayo híbrido. El resultado es una obra que combina la velocidad del monólogo cómico, la violencia verbal del cabaret político y la crudeza autobiográfica. No escribe desde la torre de marfil, sino desde la trinchera.

Durante años mantiene también un blog, Kako umrijeti bez stresa (“Cómo morir sin estrés”), en el que comenta la realidad cotidiana con el mismo tono corrosivo que en sus libros. Lo cierra en 2015 con una frase que explica bien su sensación de estancamiento histórico: dice que ya no sabe si vive en 2015, 1991 o 1941, porque el odio contra los serbios sigue tan vivo como siempre.

En marzo de 2025, en una entrevista televisiva ampliamente comentada, anuncia que tiene cáncer y que se está muriendo. Cuando el presentador le pide un mensaje final para el público, responde: “Soy inmortal. Vedrana Rudan”.
La frase parece una provocación, pero también es una declaración de intenciones. Su cuerpo puede desaparecer.

Su voz no.

Locura como método: estilo y temas

El rasgo más visible de Rudan es su lenguaje. Es obscena, blasfema, directa. Psique, trauma y diagnóstico social salen en la misma frase junto a insultos. Desde la corrección política resulta inaceptable, desde la experiencia de quien ha vivido la transición yugoslava y las guerras, es casi inevitable. Su “locura” es un rechazo frontal a la manera en que se suele hablar de la violencia: suavizada, tecnificada, envuelta en eufemismos.

En sus columnas y libros se repiten cuatro grandes temas:

  1. La violencia contra las mujeres: física, psicológica, económica.

  2. La hipocresía nacionalista, tanto croata como en general balcánica.

  3. La vejez, la enfermedad y la muerte, sin edulcorantes.

  4. La religión y la Iglesia como estructuras de poder, no como consuelo.

Rudan no escribe como “observadora neutral”. Su voz nace de la experiencia directa: ha contado que sufrió violencia de su primer marido durante años y que conoció de cerca la precariedad, el miedo y la humillación cotidiana.
Esa biografía atraviesa sus novelas, aunque no siempre de forma literal.

La sociedad croata —y los Balcanes en general— tiende a esconder lo íntimo detrás de grandes palabras: patria, honor, tradición, familia. Rudan hace lo contrario: arranca esas palabras de los discursos oficiales y las devuelve a la cocina, al dormitorio, al juzgado de divorcio, a la consulta oncológica. Por eso sus libros escandalizan: porque muestran dónde aterrizan, en términos concretos, los grandes relatos.

No es extraño que haya sido acusada de antisemitismo por sus comparaciones entre Gaza y el Holocausto, ni que la despidieran de la televisión tras llamar a la Iglesia católica “organización criminal”. en.wikipedia.org
Su crítica al poder rara vez pasa por el filtro diplomático; eso la hace vulnerable y discutible, pero también singular.

Un mapa de libros: dieciséis maneras de decir “no”

En su web oficial Rudan presenta una lista de dieciséis libros publicados hasta ahora, entre ficción, autobiografía y recopilaciones de columnas.
Vale la pena recorrerlos, aunque sea de forma breve, porque cada título es un capítulo distinto de su “locura” lúcida.

Su debut literario es «Oído, garganta, cuchillo» (Uho, grlo, nož , 2002), una novela escrita como monólogo de Tonka Babić, alter ego de la autora: una mujer que habla sin filtro, mezcla chisme, rabia, recuerdos y política, y convierte su vida en una ráfaga de energía corrosiva y humor negro.
En inglés se publicó como Night, dentro de la colección de literatura de Europa del Este.

«Amor a última vista» (Ljubav na posljednji pogled, 2003), traducida al inglés como Love at Last Sight, la historia de una mujer acusada de matar a su marido que se defiende ante los jueces relatando la cadena de humillaciones y violencia que la han llevado hasta allí. Es un largo alegato contra el mito del hogar como espacio seguro.

Con «Yo, la incrédula» (Ja nevjernica , 2005) gira hacia el ensayo confesional: textos sobre Croacia, los medios, los serbios, los estadounidenses, la religión, el consumismo, la transición y la vejez. Ahí ya está formada la Rudan polemista, que muchos lectores adoran y otros detestan.

La novela «Negros en Florencia» (Crnci u Firenci , 2006) presenta a una familia marcada por la posguerra: un padre con síndrome de estrés postraumático, una madre que trabaja como empleada doméstica en Italia, hijos que oscilan entre la emigración, el aborto y el desarraigo. Es una radiografía de la clase media baja croata en la era post-Yugoslavia.

En «Cuando la mujer es puta / cuando el hombre es maricón» (Kad je žena kurva / kad je muškarac peder, 2007) combina relatos y ensayos sobre la vejez, el sexo, la fealdad, la violencia y las relaciones tóxicas. El título ya es una declaración de guerra al moralismo.

«Miedo a tejer» (Strah od pletenja, 2009) recoge textos publicados en Feral Tribune y Nacional, dos medios clave de la Croacia crítica. Rudan habla de política, medios y cotidianeidad desde el ángulo del desencanto. Los proyectos progresistas se han hundido, el nacionalismo ha ganado, la transición ha dejado cadáveres simbólicos y reales.

Con «Ojalá te hubiera parido tu madre» (Dabogda te majka rodila, 2010) vuelve a la ficción dura. La protagonista, aparentemente exitosa y feliz, arrastra el trauma de un padre violador y una madre cómplice. La novela explora la figura materna no como ideal, sino como ser humano capaz de traicionar a su propia hija.

«Los esqueletos del condado de Madison» (Kosturi okruga Madison, 2012) gira en torno al sexo: como tarea, como terapia, como trabajo físico duro, como escape y como condena. De nuevo, Rudan usa el humor y la obscenidad para hablar de temas que la literatura respetable suele tratar con cuidado excesivo.

Ese mismo año y el siguiente aparecen Amaruši (2013), una novela sobre una familia que se desmorona entre Afganistán, desempleo, migración y amor, y «En el país de sangre y de idiotas» ( U zemlji krvi i idiota , 2013), una colección de columnas políticas y sociales donde dispara contra todos. Croatas, serbios, estadounidenses, israelíes, palestinos, la Iglesia, el patriarcado y ella misma.

«Por qué digo palabrotas» (Zašto psujem, 2015) desarrolla una especie de poética de la blasfemia: explica por qué el insulto no es un adorno, sino un modo de resistirse a la pasividad, a la jubilación domesticada y a la idea de que la mujer mayor debe limitarse a cuidar nietos y callar.

La novela «Un hombre en la garganta» (Muškarac u grlu, 2016) habla de la imposibilidad de la comunicación profunda incluso en las relaciones más íntimas. Bajo la superficie de un relato sentimental aparece una reflexión amarga. Estamos condenados a permanecer encerrados en nosotros mismos, incluso cuando compartimos la cama.

En «Vida sin garrapatas» (Život bez krpelja (2018) trata la maternidad desde un lugar radicalmente distinto. Confiesa que hubo momentos en que percibía a sus propios hijos como “garrapatas” pegadas a su cuerpo. El libro desmonta sin piedad el mito de la madre abnegada y perfecta.

«Danza alrededor del Sol» (Ples oko Sunca , 2019) es su autobiografía declarada, de vendedora de helado en el paseo marítimo a una de las escritoras más leídas de la región. Relata su infancia difícil, sus fracasos, sus amores, sus hijos y nietos, y su guerra constante con las instituciones.

Ya en los años 2020 publica «Pudin de vainilla» (Puding od vanilije, 2021), una colección de textos sobre lo que ella llama “fascismo democrático”, sobre el envejecimiento, sobre cómo Europa trata a los viejos, a los pobres y a los inmigrantes, y la novela «Cadena perpetua» (Doživotna robija, 2022), centrada en una viuda que intenta encontrar un nuevo sentido a la vida tras la muerte del marido y en la relación envenenada con su hija.

A este conjunto se añaden otros títulos como «Envío gratuito», «Morir sin estrés» y «Negros en Florencia» (Besplatna dostava, Umrijeti bez stresa y Crnci u Firenci), reeditados y ampliados por editoriales de la región, así como traducciones a varios idiomas: inglés, húngaro, esloveno, polaco, francés, italiano, ruso y macedonio.

Para el lector español, quizá los títulos más accesibles hoy en día son precisamente los traducidos al inglés: Night, Love at Last Sight y Mothers and Daughters, publicados por editoriales como Dalkey Archive.

Recepción: escándalo, acusaciones, culto

La carrera de Rudan está marcada por la polémica. Ha sido acusada de antisemitismo por sus palabras sobre Israel y Gaza durante el Día Internacional de Conmemoración del Holocausto, expulsada de una cadena de televisión por llamar “organización criminal” a la Iglesia católica, y despedida de periódicos en los que sus columnas resultaban demasiado incómodas.

En Croacia, parte de la derecha la considera traidora a la nación, mientras que ciertos sectores progresistas la miran con recelo por su estilo excesivo y sus comparaciones hiperbólicas. A pesar de ello, sus libros se venden bien. Se representan adaptaciones teatrales en diversas ciudades europeas y muchos lectores la perciben como una especie de “conciencia sucia” del país. Alguien, que dice lo que no debería decirse pero que es necesario escuchar.

No es una autora cómoda para nadie.

Ataca al nacionalismo croata, pero también critica con dureza a Estados Unidos, a Israel, a la Unión Europea y a la propia izquierda cuando considera que se ha aburguesado. No se coloca en el lugar moralmente puro de la víctima, sino en el de la testigo enfadada que sabe que no hay inocentes perfectos.

Enfermedad y resistencia

El anuncio público de su cáncer en 2025 no la ha transformado en figura beatífica. No ha suavizado el tono ni ha buscado reconciliaciones generales. Sigue escribiendo con la misma ferocidad de siempre. Tal vez más consciente que nunca de que el tiempo es limitado.

En este contexto, la metáfora de “la reina de la locura” adquiere un matiz distinto.

No se trata sólo de provocar, sino de describir a alguien que se niega a adoptar el papel de víctima silenciosa. La locura es la decisión de no negociar con la mentira, ni siquiera en el tramo final.

¿Por qué importa Vedrana Rudan a un lector español?

España tiene su propia historia de silencios colectivos, mitos nacionales y pactos de olvido.

Sabe lo que es normalizar la violencia doméstica, minimizar los crímenes del pasado, esconder la desigualdad de género bajo capas de tradición. En ese sentido, la obra de Vedrana Rudan no es sólo una ventana a Croacia o a los Balcanes, sino un espejo incómodo en el que cualquier sociedad europea puede reconocerse.

Su literatura muestra lo que sucede cuando una persona se niega a aceptar el guion asignado. El de la mujer sumisa. El de la ciudadana agradecida. El de la autora agradecida al sistema.

Rompe con el consenso de que hay temas que deben tratarse con delicadeza. Habla del padre violador, de la madre cómplice, del marido que pega. Habla del sacerdote hipócrita, del presidente intocable, del periodista cínico. Y lo hace desde una voz femenina que no pide disculpas por existir.

En un mercado editorial donde la literatura “del Este” se vende a menudo como exotismo o como documento histórico sobre guerras pasadas, Rudan aporta algo diferente. Una experiencia viva del presente. Su furia no es arqueológica, es actual. Sus libros no son postales sobre lo que fue Yugoslavia, sino autopsias de lo que son hoy Croacia, Europa y el capitalismo periférico.

Llamarla “reina de la locura” es reconocer que, en un mundo que se autopercibe racional mientras normaliza la violencia y la injusticia, la única cordura posible es la insumisión. La locura de Vedrana Rudan consiste en no adaptarse. En persistir en el escándalo de decir en voz alta lo que demasiada gente prefiere susurrar —o no pensar.

Para España, leerla es una oportunidad doble: conocer una de las voces más radicales de la literatura balcánica contemporánea, y al mismo tiempo medirse con sus propias sombras.

No para copiar su estilo —no todas las sociedades necesitan el mismo grado de explosión verbal—, sino para recordar que sin gente “loca” como ella, ninguna democracia se corrige a sí misma.