Los escritores nacieron para inventar el amor. a veces me confundo, y acabo inventándolo yo misma.

La reina de la Casa de Oduduwa de Ile-Ife, visitó el Palacio Real en Belgrado

Durante la visita oficial a Serbia, del 21 al 25 de noviembre de 2025, Su Majestad Real, la embajadora Dra. Olori Temitope Enitan-Ogunwusi, reina de la Casa de Oduduwa de Ile-Ife, visitó el Palacio Real en Belgrado. En la recepción celebrada el 21 de noviembre de 2025, fue recibida por Su Alteza Real el príncipe heredero Alejandro, el príncipe heredero Felipe y la princesa Danica Karadjordjević. Esta visita fue también una ocasión para que los anfitriones y la opinión pública conocieran más de cerca la rica herencia cultural del pueblo yoruba y la tradición que representa la casa real de Ile-Ife.

LAS REINAS

Dada

12/1/20258 min leer

Olori Temitope Enitan-Ogunwusi
Olori Temitope Enitan-Ogunwusi

Rey, palacio y mujeres: la arquitectura interna del poder en el mundo yoruba

En la opinión pública española se sabe muy poco sobre la familia real serbia, y aún menos sobre la monarquía del pueblo yoruba. Teniendo en cuenta que este pueblo está presente en número creciente en España, quizá resulte interesante conocer mejor sus costumbres y tradiciones

Cuando se habla de reinos africanos tradicionales, casi siempre se invocan imágenes de mitos lejanos, ceremonias exóticas y escenas folclóricas. Sin embargo, en la realidad, el sistema político-religioso de los yoruba es una de las estructuras de poder premodernas más complejas y disciplinadas. En su cumbre se encuentra el Ooni de Ife, rey de la ciudad sagrada de Ile-Ife, cuna de la civilización yoruba. En ese mundo, el título de rey no es solo histórico ni un adorno de la tradición ceremonial, sino una institución activa que abarca al mismo tiempo la religión, la sociedad, la identidad y la familia. El rey es una figura que, al menos en la interpretación tradicional, se sitúa entre lo mortal y lo divino, un hombre que representa el puente entre el pueblo y el mundo de los antepasados, y el eje simbólico vivo en torno al cual gira el destino de la comunidad.

En este texto quiero analizar tres elementos centrales: al rey como institución, al palacio como mecanismo de su poder, y a las mujeres de la casa real como columna funcional de la corte.

Aunque a primera vista la poliginia parezca pertenecer al mundo de la intimidad, en realidad es uno de los principios político-religiosos más importantes de la organización interna del reino. El palacio no es un hogar privado, sino el centro del mundo, y el rey no es un esposo en el sentido europeo, sino una figura que extrae su fuerza del equilibrio de distintas funciones femeninas distribuidas como partes orgánicas de la estructura total del poder.

El Ooni se fundamenta en el mito de Oduduwa, el antepasado de los yoruba. En el mito, Oduduwa es el ser que descendió a la tierra y creó el espacio del mundo. Sus descendientes se convirtieron en reyes y sumos sacerdotes. Su energía sigue presente en cada ceremonia y en cada ritual que el Ooni realiza. Esa continuidad espiritual otorga al rey el estatus de “recipiente de santidad”. Por eso su voluntad personal no se considera absoluta, sino una función de la tradición que lo trasciende. El rey está obligado a someterse a normas que son más antiguas que él y mucho más fuertes que sus ambiciones personales.

El palacio del Ooni, conocido como Aafin, no es un solo edificio. Es un complejo formado por varias secciones palaciegas, santuarios, patios, aposentos para las mujeres, salas para los sacerdotes, salones de audiencias, archivos y dependencias administrativas. Este complejo organiza la vida de la ciudad, pero también la vida del pueblo yoruba. El Ooni no tiene poder político estatal, ya que Nigeria es una república, pero posee algo que los estados modernos rara vez tienen. Un legitimidad social inquebrantable.

La función religiosa del Ooni es la más importante. Es guardián de los santuarios, organizador de los rituales y garante de la estabilidad cósmica. Su vida no se parece a la de los monarcas europeos. Está atado por reglas estrictas, espacios tabú y obligaciones rituales que deben cumplirse sin excepción. Lleva la corona sagrada solo en determinadas ocasiones y no aparece sin protocolo. No participa en la vida pública como un hombre libre. Su día empieza con un ritual y termina con otro ritual.

A pesar del entorno místico, la organización de la corte es práctica y claramente estructurada. En el sistema rigen la jerarquía y las funciones definidas. El rey tiene consejeros, guardia, sacerdocio, administración, protocolo, archiveros, jardineros, artistas, cocineros y toda una serie de servicios. Pero, el elemento más intrigante de la corte son las mujeres. No porque sean esposas, sino porque tienen roles que no tienen un equivalente directo en las tradiciones europeas.

La poliginia en el mundo yoruba no tiene que ver con el lujo. No es una institución de disfrute, sino un instrumento de equilibrio político. El Ooni tiene varias esposas porque cada esposa representa una función clánica, económica, ritual o social determinada. Sus títulos no son sentimentales. Son profesionales. El sistema está distribuido con precisión y cada mujer desempeña un papel muy concreto en el mantenimiento del orden.

La primera esposa, la Olori Agba, la reina principal, representa el punto central del sector femenino de la corte. Ella dirige el protocolo, supervisa a las demás mujeres y cumple obligaciones internacionales. Ella representa al reino en las visitas y se ocupa de toda la comunicación con el mundo exterior a la corte. Tiene el mayor presupuesto, la red más amplia de colaboradoras y el acceso más directo al rey. Es una función que exige formación, seguridad en sí misma, capacidad de liderazgo y de actuación en público.

Las demás esposas están distribuidas según sus funciones. Algunas son responsables de las tareas rituales, sobre todo las relacionadas con las deidades de la fertilidad y la prosperidad. Otro grupo de mujeres supervisa las tradiciones de moda y textiles, preparando las telas reales y los trajes ceremoniales que tienen un poder simbólico. Un tercer grupo dirige programas humanitarios, el desarrollo de los oficios femeninos y la educación y proyectos culturales. Hay mujeres que actúan en el ámbito de la medicina, utilizando técnicas y saberes tradicionales sobre plantas. También hay quienes se ocupan de ritos vinculados al agua, la tierra, el género y los ciclos de la naturaleza.

En el sistema yoruba, la mujer nunca es solo esposa. Es siempre un agente de la tradición. El propio sistema de poliginia funciona como una red que conecta a las familias más influyentes de la región. Contraer matrimonio con la casa del rey significa la entrada del clan en el centro del poder, pero también asumir una responsabilidad frente a la comunidad.

Las mujeres no llegan desde familias anónimas. Proceden de linajes respetados y ricos. Así, el palacio se convierte en un centro de diplomacia, pero de una diplomacia que se ejerce a través de patronazgo y alianzas.

El sector femenino de la corte tiene también una dinámica interna muy compleja. La rivalidad existe, pero está estrictamente controlada. Las reglas son claras, la reina principal tiene la última palabra, el protocolo determina el orden de asiento, de entrada, de palabra y de presencia ceremonial. Cada mujer conoce su función y todas son conscientes de que perder la confianza del rey significa perder el puesto y la importancia política de su familia.

El palacio es un micro-estado. Existen límites claros entre lo permitido y lo prohibido. Las mujeres tienen espacios a los que pueden acceder. También tienen lugares donde su entrada está estrictamente prohibida. No pueden presentarse ante el rey con vestimentas inadecuadas ni pueden tomar decisiones que sobrepasen el marco de sus funciones. Además, deben respetar los tabúes religiosos. Sobre todo, ciertos días, ciclos mensuales y ritos durante los cuales el acceso a los santuarios está restringido.

El rey no vive con las mujeres como vive un monarca europeo con su reina. Él es el centro en torno al cual ellas se organizan, no un esposo que comparte una vida íntima. Su vida es ritualizada y sus funciones están sincronizadas con ese ritmo. En el plano ceremonial, las mujeres ayudan al rey a cumplir todas las obligaciones que debe al pueblo, a las deidades y a la tradición. Sin ellas, el sistema se derrumbaría. Ningún rey puede sostener las obligaciones religiosas y sociales que exige el cargo.

La corte del Ooni es el centro del mundo yoruba. No es solo la sede del poder real, sino también la torre desde la que se administra la identidad del pueblo. Desde allí se difunde la tradición, se mantienen los rituales y se dictan sentencias con peso moral, se reciben delegaciones. Se media entre partes enfrentadas y se definen las directrices de la comunidad. La palabra del rey no es la ley del Estado, pero sí es la ley de la cultura. No es la fuerza jurídica la que lo hace poderoso, es una red invisible de tradiciones y creencias que mantiene unido al pueblo.

El personal de la corte cuenta entre 300 y 500 personas, según la estación y los rituales. Hay guardias, sacerdotes, consejeros, maestros, obreros, organizadores de festivales, cocineros, tejedores, archiveros, responsables de protocolo, mensajeros y artesanos. Todos ellos forman parte de una institución viva que conecta el pasado con el presente. El palacio es también un centro económico, pues los ingresos procedentes de la tierra, de las tasas ceremoniales, de los negocios privados del rey y de las donaciones de la diáspora crean la base financiera para sostener toda la estructura.

El rey debe ser rico, porque la pobreza se considera un signo de debilidad e incapacidad para cumplir las obligaciones espirituales.

Este sistema funciona porque es orgánico. No ha sido impuesto por la fuerza, ni es el resultado de construcciones coloniales. Es parte de la identidad yoruba, arraigado en los relatos sobre el origen, los dioses y los antepasados. Solo cuando se comprende la lógica religiosa de la tradición de Ifá, se entiende por qué el rey debe tener varias esposas.Por qué el palacio debe ser una estructura con fronteras claras y por qué la tradición sigue determinando la vida de la moderna ciudad de Ife igual que hace mil años.

Hoy, el Ooni desempeña también un papel contemporáneo. Recibe embajadores, mantiene contactos internacionales, participa en acciones humanitarias y dirige negocios privados. Sin embargo, su misión esencial permanece intacta, mantener la paz dentro del pueblo yoruba, proteger la tradición y realizar los rituales que garantizan la estabilidad cósmica al pueblo. En una sociedad que cambia con rapidez, su figura sigue siendo un elemento de estabilización. El palacio es el centro del mundo espiritual, pero también la plataforma desde la que el Ooni influye en la política, la economía y la cultura.

Las mujeres de la corte forman parte de esa estabilidad.

Son al mismo tiempo sacerdotisas, diplomáticas, organizadoras, guardianas de las tradiciones textiles, mediadoras entre clanes y símbolos de prestigio. Su trabajo a menudo es invisible desde fuera, pero sin él el reino perdería su equilibrio interno. Las telas elaboradas, el festival de la fertilidad, la procesión durante su día ritual, los adornos ceremoniales, las actividades de las fundaciones humanitarias. Todo eso lo sostienen los equipos femeninos de la corte, y todo ello mantiene la continuidad de una sociedad que extrae su fuerza de la relación armónica entre el rey, las mujeres, el sacerdocio y los clanes.

Precisamente esa relación revela la esencia de la civilización yoruba. El poder está distribuido, no se concentra en las manos de un solo hombre. El rey tiene autoridad, pero no de forma autocrática, porque se apoya en una estructura que lo sostiene. Las mujeres no son objetos del poder, sino sus mecanismos. El palacio no es un edificio sagrado sino un organismo que solo vive si todas sus partes están en equilibrio.

En un mundo donde las identidades se descomponen, la tradición yoruba demuestra que es posible mantener un sistema que sea a la vez espiritual y moderno. El Ooni no es una ficción de los folletos turísticos. Es la prueba viva de que existen culturas que aún funcionan según reglas que ellas mismas crearon y que no han abandonado ni bajo la presión del colonialismo, la globalización o la política contemporánea. El palacio, con sus mujeres, santuarios y rituales, sigue siendo el espacio donde el pasado y el presente se unen sin chocar.

Esa es su fuerza.

Y ese es el motivo por el cual el sistema sigue perdurando.

Fuente del foto: Ooni of Ife Queen, Temitope Enitan-Ogunwusi to visit Innoson