Los escritores nacieron para inventar el amor. a veces me confundo, y acabo inventándolo yo misma.

Cómo maté a Papá Noel

¿Cómo maté a Papá Noel? Si hay algo que puede matar a un padre promedio en Valencia, ese es Papá Noel. Salta desde cada escaparate de la ciudad, desde cada parque, metro, quiosco, farmacia… Y obligatoriamente lleva un cartel que dice “Rebajas”. Título de mierda.

SÁTIRA

Dada

12/15/20253 min leer

Si tienes la peor de las suertes, entonces tus hijos están en esa edad en la que no creen en Papá Noel, pero lo usan como una entidad legal para la extorsión de regalos. Papá Noel como asesor fiscal, lobista y testigo protegido.

- Auuuu qué buenas están estas zapatillas.

- ¡Tienes zapatillas!

- Pero, mamá, ¡no tengo estas! Van genial con el skateboard que me va a traer Papá Noel.

- ¿Qué puñetero skateboard? – pregunto horrorizada.

- El de ocho pulgadas, ¿cuál si no?

Por supuesto, ese de ocho pulgadas no lo encuentras por menos de cincuenta pavos ni aunque seas María Teresa. Por dos, porque el hermano también quiere el de ocho pulgadas. Más cascos, más protecciones, más “mamá, es por seguridad”.

Como si yo estuviera en contra de la seguridad y no en contra de la bancarrota.

Entramos en la tienda. Olor a plástico, goma y ruina financiera. En los altavoces “Jingle Bells”, en mi cabeza “Réquiem”.

- Mamá, mira, ¡gran descuento en juegos!

- ¿Qué juegos?

- Los del nuevo PS cinco, que me va a traer Papá Noel, -dice el pequeño.

- ¡Hostia! ¿Y qué le pasa a este PS? – pregunto.

Me miran como si acabaran de ver una aparición.

- ¿Tienes idea de las opciones que tiene el nuevo PS?

- No, y por mí puede ser Optimus de Tesla, no lo vais a tener.

- Pero, mamá…

- ¡No me vengas con “pero, mamá”! Si yo empiezo a explicarte que Hacienda es mi Papá Noel y que cada año me prepara regalos, y que tengo ganas de subir a lo alto del Ayuntamiento y tirarme del reloj en señal de protesta, no me creerías.

Aquí interviene el pequeño, como abogado con el despacho ya en funcionamiento.

- Pero, mamá, no es lo mismo. Papá Noel es magia.

- ¿Magia? Magia es cuando llega la factura de la luz y no la abro durante tres días, esperando que desaparezca sola.

En la entrada del centro comercial hay un Papá Noel de tamaño real, de plástico. Barriga roja, sonrisa de anuncio de créditos. A su lado una caja que dice “Deja tu carta aquí”.

- ¿Habéis escrito la carta, niños? – pregunta una animadora, con una sonrisa enorme.
El mayor me mira y dice:

- Mamá, le mandaremos enlaces.

- Mandadle también mi IBAN, para que sea más eficiente.

En el siguiente escaparate: drones.

- Maaaaamá, ¡mira esto!

- No.

- ¡Pero es educativo!

- Y la guerra también es educativa, y no voy a tirar una bomba atómica en esta tienda.

En el siguiente escaparate hay un patinete eléctrico. Con un gran descuento.

- Mamá, siendo realistas, esto es práctico.

- Más práctico es que vayáis andando.

Cuando ya estábamos al borde del divorcio con la Navidad, llega el golpe final en forma de quiosco de chucherías.

- Mamá, ¿podemos al menos chocolate?

- Podéis. Pero uno.

- ¿Uno para los dos?

- No. Uno por cabeza. Para que no digáis que soy un monstruo.

Mientras saco la cartera, el mayor me suelta, muy serio.

- Mamá, ¿y si Papá Noel existe de verdad y tú lo enfadas?

- Si existe, que venga a pagar el agua y luego hablamos.

Volvemos a casa. Los dos me siguen en silencio, como saben hacer los niños cuando esperan a que pase la tormenta. Justo cuando mi tensión vuelve a la normalidad, el pequeño dice:

- Mamá, ¿y qué dijiste antes… que habías matado a Papá Noel?

Los dos me miran como si estuviera lista para el manicomio.

- ¿Cómo lo mataste? – pregunta el mayor.

- Fácil, iba conduciendo por la ciudad y lo atropellé sin querer cuando daba marcha atrás.

- Pero a ti te retiraron el carné de conducir – dice el mayor.

- Vale, iba en patinete y cuando lo embestí, todos los regalos salieron volando.

- Pero, mamá – dice el menor resignado –, la rueda está pinchada desde hace tres días.

- Vale, lo maté y punto.

Cada vez que llego al “punto”, los dos saben que es mejor no tocarme más las narices. Se encogen y ya no dicen nada.

Y así vamos por Valencia, mirando escaparates, “rebajas”, Papás Noel trepando por las ventanas frente al Mercado Central.

En mi cabeza da vueltas una idea.
No, el problema no es que haya matado a Papá Noel.
El problema es que el año que viene nacerá otro, por muchas veces que lo atropelle con el patinete.